De la estafeta postal al Correo Argentino: la historia del correo en Ingeniero Maschwitz
Durante más de un siglo, el servicio postal y telegráfico acompañó el crecimiento de Ingeniero Maschwitz. Desde una pequeña estafeta hasta el actual edificio del Correo Argentino, su historia también refleja la transformación de la localidad y las necesidades de sus vecinos.
La historia del correo en Ingeniero Maschwitz está estrechamente ligada al crecimiento de la localidad y a la necesidad de contar con un servicio que permitiera mantener comunicados a sus habitantes con el resto del país.
En sus comienzos, funcionaba en el pueblo una estafeta postal, un servicio que durante sus primeros años fue prestado principalmente para la provincia de Buenos Aires. Con el crecimiento demográfico y la llegada de nuevas familias, también aumentaron las necesidades de comunicación de los vecinos. El lugar actual es donde funciona el Instituto Padua, sobre la calle La Plata.
Según relata Juan Pablo Beliera en su libro Ingeniero Maschwitz, algo de la historia de mi pueblo y su gente, en la década de 1940 la localidad atravesaba un proceso de expansión. En ese contexto, el servicio postal fue adquiriendo mayor importancia y comenzó a incorporar nuevas prestaciones.

La llegada del servicio telegráfico
A principios de la década de 1950, la oficina incorporó el servicio de Correos y Telégrafos, pasando a denominarse Oficina de Correos y Telégrafos. Durante esa primera etapa se destacó la presencia del joven telegrafista Octavio Gianfore, quien tuvo a su cargo importantes tareas dentro del servicio.
Con el paso de los años, la empresa fue modificando su denominación y estructura como consecuencia de las transformaciones que atravesó el sistema de comunicaciones del país.
Durante un tiempo, la oficina funcionó en un local propiedad de José Canzoniero, ubicado en la calle Bolívar, casi esquina La Plata. Con el crecimiento de Ingeniero Maschwitz, fue cada vez más evidente la necesidad de contar con un edificio propio y adecuado para brindar el servicio.
El proyecto para construir un edificio propio
La iniciativa para dotar al pueblo de una sede propia comenzó a tomar forma a principios de 1984.
Ante la necesidad de que el correo contara con su propio edificio, el entonces concejal Néstor Legaria tomó conocimiento de que en Encotel Argentina existía un estudio de antecedentes y factibilidad para la construcción de una nueva sede.

Legaria solicitó entonces al intendente Largui que elevara una nota a la Secretaría correspondiente para conocer si existían partidas presupuestarias destinadas a iniciar la obra.
El proyecto contemplaba levantar el edificio en dos parcelas fiscales de dominio provincial ubicadas sobre la calle La Plata, casi Falucho, frente a la plaza.
Pero para avanzar era necesario resolver primero la situación de los terrenos. Las parcelas debían pasar del dominio provincial al municipal, una transferencia que requería la promulgación de una norma provincial.
Una vez concretada esa transferencia, la Municipalidad debía donar los terrenos a Encotel Argentina mediante una ordenanza municipal. A cambio, la empresa asumiría el compromiso de finalizar la construcción en un plazo que no podía superar los cinco años desde la promulgación de la ordenanza de donación.
La inauguración llegó en 1990
El proyecto finalmente se concretó. El domingo 22 de abril de 1990, durante la administración del intendente Fernando Valle, quedaron inauguradas las nuevas oficinas de Encotel Argentina en Ingeniero Maschwitz.
La fecha tuvo además un significado especial para la localidad, ya que coincidió con los festejos por el 80.º aniversario de la creación del pueblo.
De esta manera, Maschwitz pasó a contar con un edificio propio destinado a un servicio que durante décadas había acompañado el desarrollo de la comunidad.
Años después, en 1997, con la privatización del servicio postal, Encotel dejó paso al denominado Correo Argentino, nombre con el que la oficina continuó funcionando.
Así, la historia del correo de Ingeniero Maschwitz no es solamente la historia de una oficina postal. Es también parte de la historia del crecimiento del pueblo: de aquellos primeros servicios de estafeta y telegramas a una estructura propia que durante décadas permitió a generaciones de vecinos enviar cartas, recibir correspondencia, comunicarse a distancia y mantener un vínculo con el resto del país.
Fuente: Ingeniero Maschwitz, algo de la historia de mi pueblo y su gente, de Juan Pablo Beliera.

